lunes, 24 de septiembre de 2012

Formas actuales de idolatría I: El cristianismo "heroico"

El cristianismo "heroico"

El reino de Dios entre otras cosas es reino de sacerdotes reales,[1] por ende las concepciones clerical y laica de la iglesia es por lo menos desacertada.
Si tomamos en cuenta al sacerdote como figura principal o más importante que el resto, y lo comparamos con el concepto de sacerdocio universal de todo creyente, deduciremos en este último caso que si todos son sacerdotes ninguno es sacerdote.
Si el "clero" ocupa un lugar preponderante en la vida de la iglesia estamos entonces más cerca de manejar conceptos de la mitología griega que del cristianismo.
En la mitología griega el héroe es el que toma la iniciativa y lleva adelante aquello que el hombre "común" no puede hacer. No era el héroe para los griegos un dios, pero se mezclaba con ellos y eran también objeto de cultos.
Los hombres "comunes" les otorgaban poderes especiales y les atribuían los éxitos en las batallas contra otros pueblos. "No puede sorprender que los griegos mismos dijeran: No fuimos nosotros, sino los dioses y los héroes quienes lo lograron."[2]
Los héroes griegos como Hércules, por ejemplo, soportan la incertidumbre y avanzan a pesar de todo.
Al contemplarlos los vemos lejanos, diferentes, y al mirarnos a nosotros mismos declaramos nuestra incapacidad. Así pasan a la categoría de ídolos, "...les transferimos nuestra capacidad de avanzar, y nos quedamos donde estamos, porque no somos héroes."[3]

Es bien diferente la postura bíblica donde la iglesia es presentada como un cuerpo.
Cada parte tiene la facultad de ejercer la función específica para la que fue llamada en cooperación con el resto, cada una de las partes de dicho cuerpo es única e irreemplazable en la misión que el conjunto de la iglesia tiene en la tierra.
De otra manera la fe pasa a ser fe del otro, el héroe tiene fe y actúa en consecuencia.
El creyente comienza a sentir incapacidad aún para ser escuchado por Dios y desarrolla "dependencia clerical".
Aunque al líder se lo llame pastor su función será "sacerdotal"; si esto es así no hay iglesia, sino parodia.
En este punto karl Barth es contundente al decir que "La humildad y el servicio, bajo cuyo signo ha sido colocada la Iglesia, se han de distinguir radicalmente de la humildad y servicios clericales."[4]
En el clericalismo la vivencia de fe pasa a ser entonces una experiencia alienada. La alienación, sin embargo tiene su aspecto positivo, es necesaria para superar en la conciencia del hombre sus propias contradicciones en su búsqueda de la verdad.
Gregory Baum dice al respecto: "La alienación no es del todo mala, sin ella las personas no llegarían a hacerse conscientes de las contradicciones ocultas de sus vidas ni de adquirir una nueva conciencia capaz de trascender los errores presentes sin por ello perder la verdad presente."[5]
La alienación en este caso pasaría de ser un elemento negativo a ser un elemento corrector, si no es corrector entonces es solamente negativo.
El "héroe" -entre comillas, entiéndase bien- máximo del cristianismo fue Jesucristo, pero lo fue de un modo absolutamente diferente del concepto griego de heroísmo.
Jesucristo fue "héroe" sin poder, sin valerse de la fuerza, y sin desear gobernar ni tener nada.
En su relación con sus discípulos procuró el desarrollo de cada uno de los dones de estos hacia la posterior formación de la iglesia.
Sus atributos fueron el amor, la piedad, el dar, fue "héroe" sin poder, y en ese vaciarse de poder se encontraba su victoria.
Atrajo a los pobres y a los desvalidos, y aún algunos ricos que se consumían en su avaricia se transformaron en mártires.
El "héroe cristiano" fue el mártir; la ganancia del mártir está determinada por su falta absoluta de pertenencias, aún su propia vida es vivida al servicio de Dios y del prójimo.
Su tener está vinculado con su existencia, no con su carácter.
El tener del héroe pagano está vinculado con su carácter, de este tener depende toda la estructura de su persona.
Si el héroe pagano es derrotado, entonces deja de ser héroe.
En este sentido, el cristianismo, ha mal interpretado al apóstol Pablo cuando afirma: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."[6] 
El grueso de los creyentes piensa en una suerte de super-cristiano que nunca pasará por circunstancias adversas, que nunca llora, que tiene respuestas para todas las preguntas.
Este es el "cristiano" que tiene. Esta interpretación no toma en cuenta la afirmación del apóstol en el versículo anterior: "Se vivir humildemente, y se tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad"[7]
El poder del cristiano no radica en no pasar necesidad, sino que radica en no aferrarse a aquello que necesita, aunque no lo tenga.
Podemos aferrarnos a aquello que tenemos como a aquello que no tenemos de un modo insano y obsesivo, y valernos de cualquier medio para obtenerlo.
Esta es la diferencia entre el cristiano y el héroe pagano, para este todo es válido con tal de satisfacer su necesidad de tener y de poder.
Las características del cristiano y el héroe son opuestas..."Las características del héroe son: tener, explotar, violar. Las características del mártir consisten en ser, dar y compartir."[8]


[1]1 Ped. 2:9
[2]M. Persson Nilsson, Historia de la religión griega (Buenos Aires: Eudeba, 1956), 289.
[3]E. Fromm, ¿Tener o ser?, 110.
[4]K. Barth, Revelación, Iglesia, Teología (Madrid: Ediciones Studium, 1972), 39.
[5]G. Baum, Religión y alienación, 26.
[6]Fil. 4:13
[7]Fil. 4:12
[8]E. Fromm, ¿Tener o ser?, 138.

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